Orlando Bloom, actor de las famosas sagas “El Señor de los anillos” y “Piratas del Caribe”, perdió el control de su coche y lo incrustó contra un Porsche estacionado en la calle. Este penoso incidente tuvo lugar en una distinguida zona de Hollywood, por donde el actor se trasladaba, luego de salir de un club nocturno con sus amigos. Uno de los cuales tuvo que ser evacuado a un hospital por sufrir un golpe en la cabeza.
Entre tanto, la policía presume que el actor huyó después de ocurrido el accidente, pues en un video se puede ver a Bloom alejándose del lugar; pero luego volvió al lugar después de ser alertado por unos fotógrafos, testigos del incidente, y que le recomendaron no huir, porque esto le traería problemas muy serios con la justicia.
Todos estamos en el deber de reaccionar de la manera más responsable, por cualquier accidente que pudiéramos ocasionar, sobre todo los famosos, a quienes muchas veces consideramos nuestros ídolos y modelos a seguir.
Vía: ricosyfamosos.org
Al celebrar 10 años de su muerte, la princesa más querida de Inglaterra aún no puede descansar en paz. Según las últimas revelaciones de los médicos que la asistieron después de ocurrido el accidente donde perdieron la vida 3 personas, aseguraron que Lady Di no quiso aceptar el tratamiento de emergencia que debían realizarle para salvarle la vida. Declararon que Diana no aceptaba el suero que tenían que administrarle.
Por otro lado, lo declarado por el padre del novio también fallecido esa fatídica noche (el magnate Mohamed Al Fayed, sostenía que fue un asesinato perpetrado por el servicio secreto británico, bajo órdenes de un pariente cercano a la reina), pierde fuerza por el resultado de las últimas investigaciones, las cuales revelan que la causa del accidente se debió a la excesiva velocidad con la que el chofer conducía el auto en el que viajaban Diana con el hijo de éste para escapar de las cámaras de lo paparazzis.
Es lamentable que una persona tan querida por muchos en todo el mundo no pueda descansar en paz, pues siempre encuentran un motivo, muchas veces sórdido, para recordar aquella fatal noche.