La mamografía sigue siendo el método más eficaz para detectar el cáncer de mama. El 19 de octubre, Día Mundial contra el Cáncer’, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), como el Grupo Español de Cáncer de Mama (GEICAM), han recordado que la mamografía rutinaria a partir de los 45 ó 50 años sigue siendo la mejor manera de detectar a tiempo la enfermedad y reducir la tasa de mortalidad.
Según los cálculos del presidente de la SEOM, el doctor Ramón Colomer, de los 20.000 nuevos casos que se diagnosticarán en el año 2010, un 83% no será mortal para su portadora, gracias en gran parte a la "labor preventiva" de los programas de cribado con mamografías.
Por su parte, el doctor José Enrique Alés, miembro de la Junta directiva de GEICAM, ha recalcado que la mamografía es una "técnica perfecta", su eficacia a la hora de detectar tumores mamarios en estadios precoces es "indudable".
El cáncer de mama es la variedad tumoral más frecuente entre las mujeres de todo el mundo, seguido del cáncer colorrectal y los tumores ginecológicos (útero, cuello del útero y ovario), es por esos que María Antonia Gimón, presidenta de la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA), ha recordado que "es importante que las mujeres acudan rápidamente al médico si notan cualquier bulto en sus mamas ya que la enfermedad tiene una tasa de curación de hasta el 90% si se detecta en estadios precoces”.
Un nuevo estudio, realizado por los científicos del Centro de Investigación de Cáncer Fred Hutchinson (Estados Unidos), revela que la obesidad, el tabaco y el alcohol, son factores que incrementan las probabilidades de padecer de un nuevo cáncer de mama.
"Descubrimos que las mujeres obesas tenían un 50% más de riesgo de recaer en el cáncer, aquellas que consumían al menos una bebida alcohólica al día tenían un 90% y si eran fumadoras un 120%", afirman los autores de la investigación, publicada en 'Journal of Clinical Oncology'.
Como explican los estudiosos, la obesidad y el alcohol producen un aumento de los niveles de estrógenos circulantes y estos están relacionados con el cáncer de mama. Además, ellos apuntan que el humo del tabaco contiene sustancias cancerígenas y, al parecer, las toxinas que se liberan mientras se inhala se almacenan en los tejidos grasos del pecho, lo que aumenta las probabilidades de sufrir la enfermedad.
El equipo de científicos, ha realizado un estudio basado en 1.091 mujeres. Del total de las participantes, 365 fumaban, consumían como mínimo una bebida alcohólica al día y tenían un índice de masa corporal por encima de 30. Además, habían sido diagnosticadas del primer cáncer de mama y de la recaída.
De otro lado, frente es estos resultados, algunos expertos manifiestan que se deben realizar más estudios para determinar firmemente estas relaciones, entre los hábitos de vida y la recaída de un cáncer de mama.
Aunque es un estudio muy preliminar, la noticia es alentadora para las miles de mujeres que vienen luchando contra esta terrible enfermedad. La revista ‘The New England Journal of Medicine’, ha dedicado un espacio en su último número a un ensayo en fase I con sólo 60 pacientes.
Dicho publicación hace eco de unos resultados que abrirían la puerta a una nueva familia de fármacos contra el cáncer de mama. Se trata de los inhibidores de PARP, una familia de medicamentos cuyos primeros resultados ya se dieron a conocer hace pocas semanas en el transcurso de la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), celebrada en Orlando, EEUU.
Un equipo dirigido por el doctor Johann de Bono, del hospital británico Royal Marsden, ha dado los primeros pasos con pacientes para demostrar que uno de estos fármacos es seguro y bien tolerado, además, que es eficaz en los individuos portadores de una mutación en los genes BRCA1 y BRCA2 (los que más predisponen a la aparición del cáncer de mama hereditario).
Este nuevo tratamiento emplea una estrategia terapéutica denominada 'letalidad sintética'. Es decir, se aprovecha de un defecto genético que tienen las células tumorales pero no las sanas (en este caso la incapacidad de BRCA para reparar el ADN) para causarles un segundo error. Al inhibir otro mecanismo de reparación alternativo como es PARP, la célula tumoral queda indefensa y se dirige a un proceso denominado muerte celular programada.
Según un estudio que publica hoy la revista británica ‘Nature Cell Biology’, una parte de la estructura de la enzima conocida como CHIP puede contener el cáncer de mama y evitar su propagación a otros órganos sanos.
El estudio, realizado por la Universidad de Tsukuba (Japón) y liderado por Junn Yanagisawa, revela que el regulador genético SRC-3, presente en la enzima, cuenta con las propiedades necesarias para impedir la metástasis de este tipo de cáncer, al atacar los caminos que usa para llegar a otras zonas del organismo.
La enzima impide que las células causantes del cáncer crezcan de forma descontrolada, Además, ésta sería capaz también de degradar las proteínas causantes del cáncer, lo que impide que estas células crezcan de manera agresiva y descontrolada en el organismo.
En un ensayo con ratones, los estudiosos descubrieron que la presencia de la enzima impedía la metástasis del tumor, mientras su supresión aceleraba el proceso.
El estudio, abre una nueva etapa en el tratamiento de esta enfermedad, cuya primera causa de mortalidad se encuentra precisamente en la reproducción del tumor.
En el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, se ha presentado el primer implante de células madre derivadas de la grasa, para reconstruir el pecho extirpado a causa un cáncer de mama.
La iniciativa, que forma parte de un ensayo europeo en fase I con 40 pacientes con participación de Reino Unido, Italia y Bélgica, ha sido presentada por Rosa Pérez Cano, jefa del servicio de cirugía plástica del centro hospitalario. Para llevar a cabo el implante, primero fue necesario extraer unos gramos de grasa del abdomen de las pacientes a través de una liposucción. Este material fue tratado en el laboratorio para separar las células propias de la grasa (los adipocitos), células sanguíneas y suero de las mesenquimales, células madre adultas que tienen la capacidad de transformarse en diversos tejidos del organismo.
La cantidad de grasa extraída en cada caso varió en función de la extensión de mama a reconstruir. El equipo de Pérez Cano se guió por un sencillo cálculo: para rellenar 90 centímetros cúbicos es necesario extraer unos 340 gramos de grasa, de donde se obtienen entre 28 y 30 millones de células madre mesenquimales. Finalmente, una vez purificadas y limpias estas últimas se inyectaron directamente en la mama. Tras la intervención, de apenas cinco horas, las pacientes volvieron a sus casas sin necesidad de un ingreso.
“Hasta dentro de un año no habrá resultados definitivos, cuando podamos mostrarlos, veremos cómo estas células se han adaptado al medio y se han transfromado en vasos, en endotelio y en tejido mamario", ha epxlicado la cirujana plástica.
Las mujeres, con una edad medio comprendida entre los 40 y 50 años, tenían un tumor de mama en estadios iniciales, sin metástasis ni ganglios afectados, las cuales habían terminado el tratamiento con quimioterapia o radioterapia hace dos años. Ninguna de ellas tenía una extirpación completa del pecho, sólo se les extrajo el tumor o el cuadrante del pecho, donde se localizaba la lesión.