El mundo laboral, ahora más competitivo, cada vez nos exige y presiona para mantenernos en carrera y poder lograr los objetivos trazados. Ese cúmulo de tensiones nos lleva al límite de la resistencia, dando paso al estrés.
El estrés es consecuencia de una presión psicológica frente a situaciones de presión a las que nos podemos hacer frente y que simplemente se desbordan, dando paso a muchas enfermedades tanto psicológicas como orgánicas.
Lo peligroso es que cuando estamos muy estresados nuestra presión arterial aumenta y con ella el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, inclusive puede traer consigo otro tipo de afecciones como trastornos gastrointestinales, respiratorios, musculares o dermatológicos.
Debemos hacer hincapié que frente a este llamado “mal de siglo” (estrés), lo mejor es recurrir a técnicas de relajación; es importante seguir una dieta correcta, debemos practicar ejercicio, mantener una actitud positiva frente a los problemas, organizar bien nuestro tiempo y tomarnos las cosas con calma para evitar situaciones críticas.
Si eres de esas personas que vive – para mala fortuna – en situaciones de excesiva presión, es aconsejable controlar la presión arterial y los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre a través de análisis periódicos.