Nick Jonas, integrante de la famosa banda juvenil ‘The Jonas Brothers’, quien padece de diabetes Tipo 1, entiende que su imagen y su vos son grandes atractivos para crear conciencia sobre la enfermedad que le ha tocado padecer y por eso, ha decidido volcarse de lleno en el apoyo a los enfermos de diabetes.
Nick, visitó la Casa Blanca en el día de ayer como parte de una solidaria campaña y se fotografió con el presidente de los Estados Unidos Barack Obama y niños que padecen diabetes. El artista se reunió con representantes de la investigación en este campo y con el senador Frank Lautenberg, que alabaron su implicación con la causa.
Además, el cantante de 16 años, se convirtió en protagonista de la campaña “Bayer Diabetes Care” con la idea de ayudar a los más de 150.000 jóvenes que viven con esta dolencia en Estados Unidos.
“Cuando me dieron el diagnóstico pensé que podría morir. Tuve un bajón emocional debido a que no tenía realmente idea de qué se trataba la enfermedad. Me pregunté ¿por qué a mí? Después me respondí a mí mismo… por qué no a mí. Luego me di cuenta de que podía ayudar a otros chicos con diabetes”, manifestó Nick.
Nick y sus hermanos, crearon la fundación ‘Change for the Children’, que se ocupa de ayudar a los niños menos favorecidos y enfermos.
La diabetes tipo 2 (enfermedad que, al parecer, tiene un origen genético), que generalmente la adquieren niños y adultos obesos, ya que la grasa dificulta más la respuesta de las células a la insulina y el sedentarismo reduce aún más la capacidad del cuerpo humano para responder a la insulina, puede combatirse con una rutina diaria de ejercicio.
Recientes estudios, realizados por la Asociación americana del corazó, han demostrado que el ejercicio físico es el mejor aliado para mitigar los efectos de esta enfermedad. Hasta la fecha se pensaba que el ejercicio no era demasiado recomendable, pero ahora se recomienda una práctica habitual.
Practicar habitualmente deporte nos ayudará a sobrellevar la enfermedad, ya que según este estudio el ejercicio físico hace que se reduzca la hipertensión, la hiperlipemia y puede ser una buena forma de reducir la obesidad mediante la pérdida de grasa.
Según el estudio realizar como mínimo 45 minutos de ejercicio tres días a la semana y en días no consecutivos. Sin embargo, existen casos en los que el sistema circulatorio y el corazón no se encuentran en perfectas condiciones, entonces en este tipo de personas se debe llevar una rutina de entrenamiento más suave para acostumbrarse de a pocos a la actividad física sin poner en riesgo su salud.
Según un estudio, dirigido por investigadores españoles, los casos de diabetes en el Reino Unido se ha ido incrementando a un ritmo superior al de Estados Unidos, que registra uno de los más altos índices de la enfermedad en el mundo.
Actualmente hay alrededor de 2,2 millones de personas en el Reino Unido aquejadas de diabetes tipo 2, que está relacionada con los estilos de vida sedentarios y la epidemia de obesidad. Mientras que el número de casos de diabetes tipo 1 se ha mantenido casi constante en 10 años, el de nuevos casos de tipo 2 se ha disparado.
La diabetes tipo 1, tradicionalmente conocida como diabetes insulino dependiente cuya aparición se da en la etapa juvenil, se manifiesta cuando el páncreas pierde su capacidad de producir insulina. En estos casos, el propio sistema inmune de la persona ataca y destruye las células productoras de insulina en el páncreas. Una vez que esas células son destruidas, nunca más volverán a producir esta hormona.
La del tipo 2, o del adulto, resulta de la incapacidad del organismo de responder normalmente a la insulina. A diferencia de las personas con diabetes tipo 1, la mayoría de los enfermos con el tipo 2 pueden seguir produciendo insulina, pero no lo suficiente como para satisfacer las necesidades del organismo. Este segundo tipo está estrechamente relacionado con la obesidad.
La directora del estudio, Elvira Masso González, del Centro Español de Investigaciones Farmacoepidemiológicas de Madrid, explica que el Reino Unido padece una de las epidemias de diabetes de más rápido crecimiento en el mundo. En 1996, un 38% las personas a las que se había diagnosticado recientemente la diabetes tipo 2 tenía un peso excesivo y un 46% era obesa. En 2005, las cifras eran de un 32% y un 56%, respectivamente.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista 'American Journal of Gastroenterology', cerca de dos tercios de los pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis C podrían tener niveles anormales de azúcar en sangre.
“Los niveles elevados de glucosa son comunes y fácilmente subestimados en el tratamiento de los pacientes con esta enfermedad", según ha afirmado el doctor Ming-Lung Yu, de la Universidad Médica de Kaohsiung, Taiwan.
El especialista también advierte que es "esencial" evaluar en profundidad esta alteración en este tipo de enfermos para adecuar su tratamiento.
En el estudio, Yu y su equipo han evaluado a 522 pacientes aquejados de hepatitis C crónica y a otros 447 individuos que no habían contraído la infección. A todos ellos les sometieron a una prueba de tolerancia oral a la glucosa, con la que se valora de una forma estricta cómo responde el organismo a la presencia de esta sustancia y si es capaz de controlar su nivel dentro de unos márgenes admisibles.
Tras analizar los resultados y después de excluir de la muestra a los participantes que eran diabéticos, los investigadores comprobaron que poco más de un tercio de los pacientes con hepatitis C (el 34,2%) mostraba unos resultados normales tras la prueba oral, mientras que el 42,8% presentaba intolerancia a la glucosa y el 23% era diabético, aunque hasta ese momento se desconocía.
Por el contrario, el 64,7% de los participantes sin infección mostró niveles normales de glucosa, el 32,4% tenía intolerancia a la glucosa y el 2,9% era diabético.
"Diversos factores que van desde antecedentes familiares, la resistencia a la insulina o la edad están asociados con la diabetes en las personas con hepatitis C crónica. Por este motivo, nosotros recomendamos que se les realice una prueba de tolerancia oral a la glucosa a los pacientes que sean mayores de 40 años, tengan una historia familiar de diabetes o un peso elevado", concluye el doctor Yu.
Aunque la recomendación de perder peso cuando se te ha detectado diabetes es muy necesaria, no estaba muy claro hasta qué punto podía favorecer el control de la enfermedad o qué beneficios concretos podía conllevarles.
Un reciente estudio ha demostrado que perder peso en los primeros años luego que se te diagnosticara diabetes tipo 2, tiene importantes beneficios para combatir el mal. Se calcula que aparte de sufrir esta enfermedad, la mitad de los pacientes sufre también obesidad.
Adrianne Feldstein, una de las investigadoras que realizó el trabajo y perteneciente a la Fundación Kaiser Permanente, comentó que "hasta ahora ya se sabía que la pérdida de peso es un componente importante del tratamiento de la diabetes. Ahora sabemos además que hay un periodo-ventana crítico de 18 meses después del diagnóstico en el que se pueden obtener algunos beneficios que repercutan a largo plazo y en el que los pacientes están más dispuestos a realizar cambios en su estilo de vida".
La obesidad es un gran problema que agrava el control de la glucosa y empeora el riesgo cardiovascular. Los investigadores estadounidenses revisaron el historial médico de 2.500 adultos con diabetes tipo 2 durante cuatro años. En los tres primeros, evaluaron al detalle su peso, elaborando una curva que mostraba cualquier ganancia o pérdida de kilos. El cuarto año se dedicaron a evaluar sus niveles de glucosa y de tensión arterial.
De estos, hubo 314 pacientes que perdieron una media de 11 kilos en los 18 meses de seguimiento. Estos participantes, que pasaron de unos 109 kilos a 98,6, comenzaron a ganar el peso recuperado en el cuarto año, hasta casi alcanzar sus niveles de inicio. Sin embargo, a pesar de este repunte, los investigadores observaron que eran ellos los que mejor control de su enfermedad mostraban de todos los participantes.
Este control glicémico y de la presión sanguínea, advierten los especialistas, puede prevenir algunas de las complicaciones más habituales de los pacientes diabéticos, como las que afectan a los ojos, al riñón, e incluso, la muerte por problemas cardiovasculares.
Los especialistas midieron concretamente el índice de hemoglobina glicosilada y la tensión arterial, que estaban por encima de la media en los participantes que no adelgazaron o que engordaron.
El estudio no indaga en los mecanismos que podrían explicar los beneficios observados, aunque sus autores sugieren que podría estar relacionado con otros hábitos de vida saludables que acompañan al adelgazamiento, o a una mejor sensibilidad a la insulina que persistiría en el organismo tras la pérdida de peso.
Además de determinar la calidad y/o posibles problemas con la visión, tomar una instantánea del ojo puede ayudar a diagnosticar una diabetes. A través de esta imagen, obtenida con una cámara de especiales características, un grupo de investigadores estadounidenses, ha sido capaz de valorar los niveles de autofluoresencia en la retina, referencia que indica si el paciente sufre una retinopatía, enfermedad corriente entre los diabéticos y una de las principales causas de ceguera.
Semanas atrás, los ‘Archives of Ophthalmology’ se hacían eco de un pequeño estudio, con 42 pacientes, en el que se describe la citada medición, que vendría a complementar el tradicional análisis de la glucosa, test para determinar si un paciente padece diabetes.
"La hiperglucemia provoca estrés en las mitocondrias y muerte celular de los tejidos, poco después de que el trastorno se haya establecido y antes de que el daño pueda ser diagnosticado con los métodos clínicos actuales. Esto sugiere que medir la actividad metabólica de las mitocondrias podría ser útil como indicador precoz de la enfermedad", explican los autores de la Universidad de Michigan.
Para valorar la actividad metabólica, los expertos decidieron contabilizar la presencia de flavoproteínas, que suele aumentar cuando las mitocondrias no funcionan de manera correcta o con la muerte celular. Estas flavoproteínas se caracterizan por emitir una autofluorescencia verde que es precisamente la que puede indicar que algo no funciona correctamente.
A pesar de la clara limitación que supone la pequeña muestra de participantes (42 persoans), el trabajo muestra algunos resultados interesantes. Como norma general, la intensidad de fluorescencia en el tejido de los diabéticos (15 con diabetes tipo II y seis con diabetes tipo I) fue más elevada que en los pacientes control, con los que se les comparó.
Los especialistas también proponen echar mano de la intensidad de la fluorescencia celular en la retina para abordar la evolución de la diabetes.
Durante la última década, la obesidad infantil se ha convertido en una verdadera epidemia, y ello se ha visto reflejado en el incremento de casos de diabetes del tipo 2 en infantes. Además, cada vez es más frecuente que los pediatras insistan en que los niños se hagan exámenes para medir el colesterol.
Lo que hasta ahora no se sabía es en qué momento se debería intervenir para ayudar a un niño que tiene sobrepeso.
Pues bien, un reciente estudio realizado por pediatras sugiere que los esfuerzos para prevenir la diabetes deberían realizarse cuando el niño tiene 2 años de edad y se encuentra en un “punto clave” de su desarrollo que más tarde puede conducir a la obesidad.
Durante el estudio se examinó los registros de de 111 niños con sobrepeso. A todos se les midió el peso y la estatura. El promedio de edad de era de 12 años. Aquellos cuyo índice de masa corporal excedía al 85% de la población general, fueron clasificados como con sobrepeso. Los investigadores hicieron gráficas con los datos registrados (de los niños) desde su infancia, así encontraron que los niños obesos habían comenzado a ganar peso en una progresión que se inició a los tres meses de edad.
Más de la mitad de los niños del estudio ya tenían sobrepeso a los 2 años de edad y un 90 % antes de llegar a los 5 años.
Los bebés nacidos de madres que sufren de diabetes son tres veces más propensos a nacer con un defecto. Así lo señala un estudio reciente, publicado en el “American Journal of Obstetrics and Gynecology”.
Las madres que padecen de diabetes juvenil (de tipo 1), o de tipo 2, tienen mayor riesgo de dar a luz bebés con diversos defectos congénitos : defectos cerebrales, cardiacos, medulares, en los riñones, labio leporino, anormalidades en los órganos reproductores y en las orejas, señalaron los investigadores.
El doctor Adolfo Correa, director del estudio, señala que la investigación ha demostrado que la diabetes se encuentra relacionada con un mayor número de defectos de nacimiento de lo que originalmente se pensaba. El estudio también arrojó que, al parecer, la diabetes gestacional no se encuentra relacionada con el incremento del riesgo de padecer defectos genéticos. Aunque la diabetes gestacional puede presentarse en mujeres embarazadas, generalmente los niveles de azúcar en la sangre suelen regresar a su normalidad.
El estudio tuvo una muestra de 13,030 bebés nacidos con algún defecto congénito en Estados Unidos y 4,895 niños sanos. Se recopiló la información sobre el estado de salud de las madres, de modo que se sabía cuales padecían de diabetes antes de quedar embarazadas. Luego, el resultado demostró que las mujeres con diabetes tenían un riesgo tres veces mayor de dar a luz un bebé con defectos congénitos.