Investigadores del laboratorio Bristol-Myers Squibb dirigidos por Nicholas Meanwell han hallado un componente que puede resultar más efectivo que los tratamientos actuales para tratar la hepatitis C, enfermedad viral, hasta ahora incurable.
En su última edición, la revista Natura publica que el químico, conocido como BMS-790052, es capaz de combatir el virus de la hepatitis C (VHC) que afecta a unos 200 millones de personas en el mundo.
Una única dosis de 100 miligramos de BMS-790052 puede reducir la carga viral del VHC y el efecto duraría 144 horas después de ser aplicado el tratamiento. Según los científicos, los resultados de este estudio constituyen la primera evidencia clínica de que el posible fármaco tiene posibilidades de inhibir el virus.
De momento el compuesto BMS-790052 se encuentra en las fases iníciales de la carrera hacia la comercialización y hasta que no haya sido probado en un buen número de pacientes no se podrá confirmar su potencial. Sin embargo, esta es una noticia alentadora y esperanzadora para el tratamiento de esta enfermedad.
La hepatitis C es una enfermedad que se contrae por el contacto con sangre infectada, por relaciones sexuales o que se transmite de madre a hijo durante el parto.
Un grupo de investigadores estadounidenses han logrado identificar el primer biomarcador que predice la respuesta de un paciente a los tratamientos para la hepatitis C.
Según el equipo del Centro médico de la Universidad de Duke, el nuevo marcador es un cambio único en una letra, una C en lugar de una T, en un segmento de ADN cerca del gen IL28B. Este hallazgo se realizó al estudiar el ADN de 1,671 personas que participaban en un estudio de tratamientos para la hepatitis C.
Además, de predecir quién tiene más probabilidades de responder al tratamiento y quién no, el biomarcador podría responder la interrogante del por qué las respuestas a los tratamientos para la hepatitis C varía tanto entre grupos raciales y étnicos.
"Para los genetistas, comprender la respuesta al tratamiento para la hepatitis C ha sido casi como un santo grial", explica David Goldstein, autor principal del estudio y director del Centro para la variación del genoma humano del Instituto de ciencias y políticas genómicas de la Duke, en un comunicado de prensa de la universidad.
"Los efectos secundarios del tratamiento para la hepatitis pueden ser brutales, y casi la mitad de las veces, el tratamiento no erradica el virus. Este descubrimiento nos permite dar a los pacientes información valiosa que los ayudará a ellos y a sus médicos a decidir qué es lo mejor. De esto se trata la medicina personalizada", añadió Goldstein.
La hepatitis C afecta a unos 170 millones de personas en todo el mundo, por lo general, el tratamiento conlleva 48 semanas de inferferon más el fármaco antiviral ribavirin. Los pacientes negros son menos propensos a responder al tratamiento que los blancos, mientras que los pacientes del occidente asiático parecen tener la mejor respuesta.
Debemos reconocer que esta enfermedad va ganando terreno en los países con menos recursos. El precio elevado de las pruebas de laboratorio para detectar la enfermedad, parece ser el problema más grave. Sin embargo, gracias a unos investigadores alemanes, este inconveniente puede quedar en el pasado.
Los estudiosos han desarrollado un nuevo test, de eficacia y sensibilidad similares a los anteriores; pero que por su bajo costo, puede ser la solución para el mundo en desarrollo. Los primeros compases de la infección por el virus de la hepatitis C (VHC) pasan a menudo desapercibidos. Por ese motivo las muestras de sangre que van a parar a los bancos de donación son sometidas a un test para identificar el patógeno.
Esta prueba se basa en la detección de una zona del genoma de este microorganismo llamada 5'-NCR, que dada su elevada conservación es común a los distintos genotipos y subtipos de VHC. Pero la 5'-NCR causa numerosos problemas de modo que "dar con otra zona diana sería beneficioso", señalan los autores. Estos centraron su atención en X-tail, una "región descubierta en 1995 y altamente conservada", ha explicado Jan Feliz Drexler, del Instituto de Virología de la Universidad de Bonn, Alemania.
Utilizando la técnica de las pruebas utilizadas hoy en día, pero encaminada a detectar la presencia de X-tail en lugar de 5'-NCR, este investigador, junto con otros procedentes de diversos países, analizó 598 muestras sanguíneas e pacientes que estaban infectados con alguno de los seis genotipos existentes del VHC y se dieron cuenta de que X-tail "representa una diana mejor que el resto de regiones del genoma utilizadas en el diagnóstico de la hepatitis C", señala Drexler.
Además, esta también sirve para cuantificar el virus en sangre, su concentración total. Este parámetro es clave para evaluar la eficacia de los tratamientos, "una forma de ahorrarles a muchos pacientes meses de caras terapias e indeseables efectos secundarios", añade este investigador.
Tras comprobar cómo su test era capaz de identificar con gran sensibilidad y eficacia todos los genotipos del virus y la cantidad de virus presente en cada muestra, decidieron hacer una prueba de campo en un centro de diagnóstico vinculado con el programa brasileño de tratamiento de VHC con resultados igualmente satisfactorios, según relatan en las páginas de ‘PLoS Medicine’.
El coste de cada prueba, según los autores, fue de 8,7 dólares. Es decir, el 8,1% del coste actual de los demás tests. "Es barato porque es sin ánimo de lucro y sólo tenemos en cuenta los gastos de los reactivos y los de patente. Sin estos últimos sería mucho más barato", señala Drexler.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista 'American Journal of Gastroenterology', cerca de dos tercios de los pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis C podrían tener niveles anormales de azúcar en sangre.
“Los niveles elevados de glucosa son comunes y fácilmente subestimados en el tratamiento de los pacientes con esta enfermedad", según ha afirmado el doctor Ming-Lung Yu, de la Universidad Médica de Kaohsiung, Taiwan.
El especialista también advierte que es "esencial" evaluar en profundidad esta alteración en este tipo de enfermos para adecuar su tratamiento.
En el estudio, Yu y su equipo han evaluado a 522 pacientes aquejados de hepatitis C crónica y a otros 447 individuos que no habían contraído la infección. A todos ellos les sometieron a una prueba de tolerancia oral a la glucosa, con la que se valora de una forma estricta cómo responde el organismo a la presencia de esta sustancia y si es capaz de controlar su nivel dentro de unos márgenes admisibles.
Tras analizar los resultados y después de excluir de la muestra a los participantes que eran diabéticos, los investigadores comprobaron que poco más de un tercio de los pacientes con hepatitis C (el 34,2%) mostraba unos resultados normales tras la prueba oral, mientras que el 42,8% presentaba intolerancia a la glucosa y el 23% era diabético, aunque hasta ese momento se desconocía.
Por el contrario, el 64,7% de los participantes sin infección mostró niveles normales de glucosa, el 32,4% tenía intolerancia a la glucosa y el 2,9% era diabético.
"Diversos factores que van desde antecedentes familiares, la resistencia a la insulina o la edad están asociados con la diabetes en las personas con hepatitis C crónica. Por este motivo, nosotros recomendamos que se les realice una prueba de tolerancia oral a la glucosa a los pacientes que sean mayores de 40 años, tengan una historia familiar de diabetes o un peso elevado", concluye el doctor Yu.