
El llamado “mal del siglo”, provoca hipertensión arterial y alteraciones metabólicas debido al exceso de secreción de catecolaminas (parecidas a la adrenalina) y al aumento de la frecuencia cardiaca que tiene como consecuencia un incremento de los niveles de azúcares y grasas en sangre. Así lo ha informado el vicepresidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), el doctor Francisco Chorro, durante la reunión anual que celebra la sociedad estos días en Oviedo.
"El incremento de la tensión arterial, de la frecuencia cardiaca y las alteraciones metabólicas favorecen el desarrollo de la aterosclerosis, lo que puede desencadenar complicaciones cardiovasculares asociadas, tales como infartos, anginas de pecho y accidentes cerebrovasculares", ha explicado el doctor.
"Por lo general, siempre se ha relacionado el hecho de ocupar un cargo profesional de responsabilidad con un mayor grado de estrés", ha comentado. Sin embargo, "esto no es del todo cierto, si tenemos en cuenta que el estrés está directamente relacionado con una situación personal de incertidumbre e inseguridad que puede no estar vinculada a la actividad profesional. Esta situación, unida al grado de responsabilidad en el trabajo, puede hacer a las personas más vulnerables ante el estrés", añade el especialista.
Si esta situación no varía y el paciente vive una situación de estrés continuado, puede desembocar en la aparición de arritmias y, en pacientes que las padecían con anterioridad, aumentar su frecuencia. Modificar las situaciones que producen estrés, es posible. Revitalizar las situaciones de la vida diaria y adoptar hábitos de vida saludable son las mejores formas de combatir el estrés.

Según un equipo de investigadores de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, el gen STK39 situado en el brazo largo del cromosoma 2, parece estar relacionado con la hipertensión arterial.
El uso de una nueva técnica de análisis, denominada de asociación amplia del genoma, parece haber dado frutos en la Universidad de Maryland. Allí, un equipo de científicos tomó el ADN de 542 Amish, procedentes de una comunidad, muy homogénea y estable durante siglos, del estado de Pensilvania.
En un primer análisis, estudiaron la relevancia de cerca de 80.000 mutaciones de nucleótido simple (SNP en inglés) que previamente se habían vinculado con la tensión arterial sistólica y diastólica. Al comprobar cuáles de ellas estaban más presentes, descubrieron una zona especialmente caliente en una región específica del brazo largo del cromosoma 2.
Al descubrir que en esa parte del genoma está el gen que contiene la información para sintetizar SPAK, una proteína relacionada con la concentración de sal del organismo, supieron que habían acertado. Para confirmar estos resultados, llevaron a cabo un análisis similar en otro grupo de Amish y en otros cuatro de caucásicos de origen europeo y estadounidense.
SPAK interactúa con otras moléculas implicadas en el transporte de iones sodio, cloro y potasio, cumpliendo una importante función en el control del transporte de sal para regular el equilibrio osmótico celular y la excreción de sal a nivel renal (está muy presente en los túbulos colectores corticales de las nefronas). Si el transporte de sodio se altera y su concentración sanguínea aumenta, se eleva también la tensión arterial, lo que sucede con algunas variantes de STK39, presentes en alrededor del 20% de la población, según los autores.
"Este descubrimiento tiene un gran potencial para mejorar nuestra capacidad para diseñar tratamientos personalizados y para manejar mejor a estos pacientes", ha señalado Yen-Pei Christy Chang, profesora de epidemiología y medicina preventiva de la citada universidad.
"Determinar cómo las personas con diferentes variaciones de este gen responden a los diuréticos y otras medicaciones para la hipertensión o a los cambios en el estilo de vida, como reducir la ingesta de sal, será el siguiente paso de está investigación”, ha asegurado Christy, quien añadió que esta información llevará a conocer el mejor tratamiento contra la hipertensión arterial en cada paciente.