Un nuevo estudio dirigido por investigadores estadounidenses y europeos ha identificado dos variantes situadas en el cromosoma 12 que aumentan el riesgo de sufrir un ictus.
“No es el primer estudio sobre la genética de los accidentes cerebrovasculares (ACV) ni tampoco es el definitivo; pero este nos indica un punto del genoma en el que podemos mirar más a fondo", explica una de las autoras del trabajo, Myriam Fornage, del UT Health Science Center.
Estas alteraciones (dos) fueron localizadas en primera instancia en un grupo de más de 19.600 personas de raza blanca. Una de ellas fue confirmada en otras dos muestras de 2.430 individuos de raza negra y 653 ciudadanos holandeses. Ambos SNP (siglas en inglés que se refieren al polimorfismo de nucleótido simple o sustitución de una única base, la unidad mínima del ADN) se sitúan en el brazo corto del cromosoma 12 (12p13).
Cerca de donde están esos SNP se encuentra el gen NINJ2, relacionado con la capacidad para reparar el daño cerebral y otro, WNK1, que interfiere en la tensión arterial y en la gravedad de la hipertensión (un factor de riesgo del ictus). Sin embargo, los investigadores creen que "los genes que subyacen al riesgo de ACV en la población general están aún por determinar".
“La identificación de estos genes ayudará a reconocer a las personas que tienen un riesgo elevado de ictus, a cuya prevención habrá que prestar especial atención. También podría conducir al desarrollo de fármacos que disminuyan esta susceptibilidad", declató otro de los autores de este estudio.
.
El estudio ha sido publicado en ‘The New England Journal of Medicine’.
El infarto cerebral o ictus se produce cuando una arteria del cerebro se obstruye o se rompe y deja de suministrar riego sanguíneo a las células del cerebro. Éstas dejan de recibir oxígeno y acaban muriendo.
Es muy importante detectar con anticipación los síntomas del infarto cerebral para poner remedio antes de sufrir uno. El adormecimiento en diferentes partes de la cara como los labios, los ojos (que en algunos casos se quedan torcidos) o en las extremidades puede ser un síntoma.
El dolor de cabeza, los mareos o la pérdida de conciencia pueden ser síntomas, al igual que tener problemas para ver o mantener una conversación. Es importante realizar análisis de sangre periódicamente sobre todo si tenemos antecedentes familiares, o si tenemos una edad crítica para sufrir infarto cerebral que se sitúa entorno a los 50 años. En el caso de las mujeres el riesgo aumenta con la menopausia. Un test de colesterol y los triglicéridos en sangre, te ayuda a conocer si eres propenso a sufrir este tipo de shock.
Por otro lado, es importante controlar la presión arterial, pues una tensión alta es un síntoma de una mala circulación sanguínea que puede desembocar en un infarto cerebral. Mantener una alimentación adecuada es fundamental. Debe ser equilibrada, baja en sal y sobre todo debemos evitar las grasas saturadas que son las principales causantes del colesterol y los triglicéridos.