Un trabajo, publicado en la revista 'Nature', ha revelado una estrecha relación entre la ausencia de un segmento de unos 30 genes en el cromosoma 16 y el desarrollo de una forma grave del trastorno metabólico.
El ADN de cada individuo recibe una copia del código genético por parte de su madre y otra por parte de su padre. En ocasiones, como ocurre en esta alteración, la copia de uno o varios genes se pierde, lo que puede provocar importantes efectos.
Según los datos del estudio, sólo un pequeño porcentaje de las personas que sufren obesidad mórbida presentan esta alteración genética en el cromosoma 16. Sin embargo, en estos casos, el efecto del 'fallo' es determinante. Así, los portadores del error tendrían un riesgo del 5.000% de desarrollar una obesidad severa.
La investigación se inició después de un equipo de investigadores del Imperial College de Londres identificara el error en un grupo de adolescentes y adultos con dificultades de aprendizaje o retraso en el desarrollo.
En un análisis de su genoma, los científicos comprobaron que 31 individuos, todos ellos obesos, presentaban una alteración prácticamente idéntica en su ADN, lo que les llevó a ampliar el análisis.
Indagaron los genomas de 16.053 personas (delgadas y con sobrepeso) procedentes de distintos puntos de Europa. En su búsqueda se identificó a otros 19 pacientes con la misma alteración que, de nuevo, también presentaban un exceso de peso considerable. En cambio, ninguna persona delgada o con peso normal era portadora este problema en su ADN.
Examinado los antecedentes familiares de los individuos identificados, los científicos comprobaron que 11 de ellos habían heredado el fallo de alguno de sus progenitores, que también eran obesos.
"La alteración estaba presente en el 0,7% de los casos de obesidad mórbida lo que representa la segunda causa genética de la obesidad más frecuente", explican los científicos en la revista científica.
"Esto demuestra la potencial importancia que pueden tener variantes genéticas raras en enfermedades comunes", añaden.
Los autores, que aún no han podido determinar la función que cumplen estos genes, aseguran que este será el siguiente paso de su investigación.
Michelle Obama, primera dama estadounidense, será la imagen y portavoz principal de la nueva campaña del Gobierno en contra de la obesidad.
La iniciativa incluirá una campaña informativa que ofrecerá consejos saludables a los ciudadanos, como comer más frutas y verduras, y velará por añadir programas de educación física de alto nivel en las escuelas así como por abrir más supermercados en las comunidades de bajos ingresos.
Obama ha ayudado a hacer visible esta semana el anteproyecto de la Inspectora General de la Salud, Regina Benjamin, acerca de lo que se puede hacer en casa, en el colegio y en el trabajo para revertir los efectos de esta "epidemia" que afecta a cerca de dos de cada tres personas en este país.
La Administración Obama está invirtiendo 465 millones de euros para la puesta en marcha de programas de prevención destinados a frenar la gordura y el consumo de tabaco. Sin embargo, Michelle Obama subrayó que la solución a la obesidad "no puede salir sólo del Gobierno".
"Todos tienen que estar dispuestos a poner su parte para poner fin a esta crisis de la salud pública. Esto no será fácil ni pasará de la noche a la mañana. Y no ocurrirá simplemente porque la primera dama lo haya convertido en su prioridad", ha dicho Obama, en una audiencia a hijos de abogados en un centro recreativo en Alexandria, en las afueras de Washington.
Estados Unidos gasta más de 100.000 millones de euros al año debido al problema de la obesidad y sus complicaciones derivadas.
"Cuanto menos sanos estemos como nación, más subirán los costes del cuidado de la salud y menos competitivos seremos a nivel mundial", ha señalado Obama.
Las personas obesas son más propensas a padecer de cálculos renales, indicó un estudio publicado en Journal of Urology.
El equipo de Brian R. Matlaga, de la Johns Hopkins University, en Baltimore, expresa que estudios previos habían identificado un aumento de su incidencia (cálculos renales) junto con el crecimiento de la obesidad.
Aunque se desconoce el motivo por el cual el peso modificaría la tasa de cálculos renales, los investigadores tienen varias hipótesis sobre distintos niveles de ciertas sustancias que podría contener la sangre de las personas obesas.
Los investigadores analizaron los registros del período 2002-2006 de más de 95.000 afiliados a partir de una base nacional de datos de una aseguradora privada de salud.
En dichos registros identificaron a 3.257 personas con cálculos renales. Para clasificar el peso de los pacientes se usó el índice de masa corporal (IMC), que evalúa el peso en relación con la altura y determina el nivel de obesidad de una persona.
A una de cada 40 personas del grupo de afiliados con peso normal (IMC de 18,5 a 24,9) o con sobrepeso (25 a 29,9) se le diagnosticó cálculos, comparado con una de cada 20 entre los obesos (IMC más de 30).
"Hay que alentar la modificación de la dieta y la reducción del peso en la población obesa por muchas razones, pero también para disminuir el riesgo de desarrollar cálculos renales", dijo el equipo.
Según las últimas estadística del Instituto Americano de Investigación sobre el Cáncer (AICR), la obesidad provoca cada año más de 100.000 casos de cáncer en EEUU, y desafortunadamente esta cifra puede incrementarse en los próximos años.
De otro lado, esta enfermedad, la segunda causa de muerte en EEUU por detrás de las patologías cardiovasculares, cobrará la vida de medio millón de personas aproximadamente este año, según las estimaciones de la Sociedad Americana del Cáncer (ACS siglas en inglés).
Las estadísticas sobre el efecto de la obesidad en el cáncer indican que el exceso de grasa puede estar detrás de la mitad de los tumores de endometrio y un tercio de los de esófago.
Sin embargo, un peso normal podría evitar un 28% de los tumores anuales de páncreas, un 9% de los colorrectales, un 17% de cánceres de mama y otro 24% de tumores renales. Así, las alarmantes cifras de ACS, que estima que en 2009 casi un millón y medio de estadounidenses sabrán que tienen cáncer, podría verse reducida.
Pero, la AICR alerta en su documento que no existe una conciencia en la ciudadanía sobre la relación entre la obesidad y el cáncer, y tampoco que el exceso de peso puede empeorar el pronóstico y la respuesta a los tratamientos.
Según un estudio, el consumo de los fármacos antiobesidad son una rutina más en el día a día de los niños británicos. La investigación ha revelado que el uso de estos medicamentos se ha incrementado considerablemente en los últimos años, pese a no estar indicados específicamente para la población infantil.
Los investigadores de la Universidad de Londres, analizaron las recetas de este tipo de fármacos realizadas en distintas clínicas de atención primaria del país entre 1999 y 2006.
Los fármacos orlistat y sibutramina que sólo están indicados en Reino Unido para adultos, han sido autorizados también para el tratamiento de niños y adolescentes obesos aunque sólo "en determinadas circunstancias".
Sin embargo, desde la introducción de estos fármacos en el mercado "su uso creció de forma muy rápida", comentan los investigadores, quienes observaron que el consumo en 2006 era 15 veces mayor al registrado en 1999.
De otro lado, la investigación puso de manifiesto que el seguimiento de la medicación era muy pobr: "Sólo el 25% de quienes tomaban orlistat y el 35% de los que estaban en tratamiento con sibutramina continuaron con la terapia durante más de tres meses, periodo que se considera adecuado para comprobar sus beneficios clínicos", apuntan los investigadores.
Al respecto, los investigadores sugieren que, dada la extensa utilización de los fármacos entre la población infantil, se hacen más que necesarios nuevos trabajos que estudien a fondo la seguridad y la efectividad específica de estos medicamentos en esta población y que, por otro lado, analicen las causas del rápido abandono de los tratamientos detectado.
La cirugía bariátrica con laparoscopia a través de una banda gástrica, se ha convertido en la última novedad en el tratamiento de la obesidad. Para este procedimiento, el paciente no tiene que permanecer mucho tiempo en el hospital, pudiendo regresar a su hogar el mismo día de la intervención.
"Como se trata de una operación relativamente sencilla, basta con que el paciente se recupere de la anestesia para irse a casa", explica el cirujano Juan Carlos Ruiz de Adana, uno de los coordinadores de la Unidad de Obesidad Mórbida del Hospital Universitario de Getafe (Madrid).
Mediante el proceso de laparoscopia (una pequeña incisión), se coloca una especie de anilla (la banda gástrica) que rodea la entrada del estómago y actúa de barrera para frenar el paso de la comida. Ni corta ni modifica la anatomía. De ahí la sencillez de la técnica.
Con la banda gástrica ya colocada, el paciente debe ingerir sólo dieta líquida, a base de zumos y caldos durante la primera semana. Después, puede empezar a tomar purés y, poco a poco, masticar alimentos lentamente.
"La idea es modificar hábitos: que coman menos, mastiquen despacio y su dieta sea más saludable, evitando así los dulces, los helados y los fritos", señala el cirujano Ruiz de Adana, quien insiste en que la obesidad crónica es incurable y que este tipo de alternativas suponen una herramienta para aprender e incorporar hábitos saludables.
Sin embargo, este procedimiento no puede hacerse con todos los pacientes: “Cuando se trata de una obesidad de grado avanzado y con enfermedades asociadas como la diabetes, por ejemplo, es necesario mantener a la persona ingresada para observarla y ajustarle la medicación si fuera necesario”, aclara el doctor Ruiz de Adana.
Según un estudio, dirigido por investigadores españoles, los casos de diabetes en el Reino Unido se ha ido incrementando a un ritmo superior al de Estados Unidos, que registra uno de los más altos índices de la enfermedad en el mundo.
Actualmente hay alrededor de 2,2 millones de personas en el Reino Unido aquejadas de diabetes tipo 2, que está relacionada con los estilos de vida sedentarios y la epidemia de obesidad. Mientras que el número de casos de diabetes tipo 1 se ha mantenido casi constante en 10 años, el de nuevos casos de tipo 2 se ha disparado.
La diabetes tipo 1, tradicionalmente conocida como diabetes insulino dependiente cuya aparición se da en la etapa juvenil, se manifiesta cuando el páncreas pierde su capacidad de producir insulina. En estos casos, el propio sistema inmune de la persona ataca y destruye las células productoras de insulina en el páncreas. Una vez que esas células son destruidas, nunca más volverán a producir esta hormona.
La del tipo 2, o del adulto, resulta de la incapacidad del organismo de responder normalmente a la insulina. A diferencia de las personas con diabetes tipo 1, la mayoría de los enfermos con el tipo 2 pueden seguir produciendo insulina, pero no lo suficiente como para satisfacer las necesidades del organismo. Este segundo tipo está estrechamente relacionado con la obesidad.
La directora del estudio, Elvira Masso González, del Centro Español de Investigaciones Farmacoepidemiológicas de Madrid, explica que el Reino Unido padece una de las epidemias de diabetes de más rápido crecimiento en el mundo. En 1996, un 38% las personas a las que se había diagnosticado recientemente la diabetes tipo 2 tenía un peso excesivo y un 46% era obesa. En 2005, las cifras eran de un 32% y un 56%, respectivamente.
Amamante a su hijo, la leche materna previene muchas enfermedades, entre otras la obesidad. Se sabe que los niños que reciben lactancia materna tienen muchas menos posibilidades de ser adultos obesos que los que reciben lactancia artificial. Cuando el niño se sacia deja de mamar, sin que conozcamos cuánto ha tomado. De este modo, el centro que regula el hambre en el cerebro se desarrolla con el uso, aprendizaje que permite regular mejor durante el resto de su vida la cantidad de alimentos debe recibir.
Si su niño recibe lactancia artificial acepte que rechace parte del biberón, ya que ni todos los niños toman la misma cantidad de leche, ni el mismo bebé toma la misma cantidad en todas las tomas. Si su crecimiento, el desarrollo del peso y de la talla son los adecuados para su edad y el niño está activo, no le obligue a comer dos platos y postre, no insista para que finalice las porciones que cree que debe tomar, su organismo, su biología es más sabia que sus creencias.
No utilice la comida como premio, establezca para toda la familia un tipo de alimentación saludable. Ésta consiste en alimentos ricos en fibras vegetales y pobres en grasa; carne, pescado y huevos en dosis apropiadas, preparadas como sea más agradable al paladar, pero evitando en lo posible los alimentos fritos.
Aunque a los niños les gusta la llamada comida basura, hamburguesas, pizzas, etc., este tipo de comida no debe permitirse como alimento porque contiene mucha grasa de la considerada “mala”. Estas comidas pueden producir hábito tanto en los niños como en los padres, que encuentran más cómodo este tipo de alimentación que la tradicional.
El agua es insustituible, no puede ser cambiada por refrescos. El exceso de estos productos está contribuyendo poderosamente en Estados Unidos al sobrepeso de niños y adolescentes.
Estimule el ejercicio físico, evite el sedentarismo. Todos los niños deben realizar ejercicio físico o actividades en las que muevan su cuerpo al menos durante 60 minutos al día. Intente llevarle a pasear, correr, montar en bicicleta, ir y volver del colegio andando, recibir clases de baile, gimnasia, patinaje, jugar al fútbol o hacer deportes colectivos, cualquier cosa menos volver del colegio y sentarse a realizar los deberes o ver la televisión.
Evite que su hijo pase mucho tiempo con los videojuegos. No sea rígida ni intolerante, acéptele como es. La disminución de la autoestima, la tristeza, la soledad y el estrés pueden conducir también a la obesidad.
Estimule que las comidas sean en familia porque además de aumentar el vínculo afectivo, previenen la obesidad. Prevenir la obesidad es muy fácil, tratarla cuando esta ya establecida es mucho más difícil.