
En Inglaterra, los investigadores de la Universidad de West, han conseguido una importante subvención de dinero para poder llevar a cabo la construcción de un robot biológico basado en un hongo amarillo cuyo nombre científico es Physarum polycephalum.
La primera concepción de un robot, es que debe estar conformado por piezas de metal, transistores y chips. Pero con este experimento los científicos de West, liderados por el profesor Andy Adamatzky, intentarán construir el cuerpo del robot a partir de este hongo para de esta manera prescindir del metal o el silicio y aprovechar las ventajas que proporcionan los “materiales biológicos”.
Los investigadores, se refieren a esta sustancia como “plasmodium”, que al parecer es capaz de percibir los objetos a su alrededor, desplazar cargas pequeñas, desplegar pequeños apéndices y hasta realizar alguna clase de “cálculo”. Lo dicho anteriormente hace parecer al plasmodium a un computador biológico amorfo capaz de ser controlado por la luz y campos electromagnéticos.
Es improbable que este experimento encuentre una aplicación a corto plazo, pero el equipo de científicos a cargo cree que, de tener éxito, esta sustancia podría llegar incluso a convertirse en una parte de nuestro cuerpo mediante una relación simbiótica.