Según una investigación realizada por un grupo de expertos españoles y presentada en el Congreso EULAR (Liga Europea contra las enfermedades Reumáticas), los cigarrillos son un factor de riesgo para padecer artritis reumatoide y tienen la misma influencia en el desarrollo de esta enfermedad que el factor genético más conocido hasta la fecha: el HLA.
El jefe de Reumatología del Hospital La Paz (Madrid) y uno de los autores del trabajo, el doctor Alejandro Balsa, explica que "el tabaco es un factor de riesgo para padecer, sobre todo, el subtipo de artritis reumatoide más frecuente y, además, la más grave".
El especialista también sostiene que "un hijo de un paciente con artritis reumatoide que fume tiene un riesgo casi 10 veces mayor que la población general de padecer el trastorno mientras que si no tiene antecedentes en la familia esta cifra será de cuatro veces más".
Para llegar a estas conclusiones, el estudio ha contado con la participación de 566 pacientes (290 con artritis reumatoide y 276 sin la enfermedad) con una edad media de 50 años.
Esta enfermedad de trata de una enfermedad crónica que causa la inflamación de las articulaciones y tejidos circundantes y a la que sigue, en ocasiones, un comportamiento extraarticular que daña órganos y sistemas como el pulmón, el corazón y el riñón.
Los síntomas más destacados son dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad articular, y afecta especialmente a las articulaciones más móviles como las de las manos y los pies, así como muñecas, hombros, codos, caderas y rodillas. Asimismo, la inflamación mantenida y no controlada puede acabar dañando los huesos, ligamentos y tendones que hay alrededor de la articulación, lo cual conduce a una deformidad progresiva de las articulaciones y a la pérdida para realizar las tareas cotidianas.
Los distintos estudios científicos que evalúan el impacto que en los niños produce la excesiva exposición a la televisión determinan que esta es una de las principales responsables de la obesidad, el sedentarismo, el comportamiento agresivo, la anorexia, la bulimia y la falta de horas de sueño. Además es culpable, al parecer, de los síntomas depresivos que padecen muchos chicos y chicas cuando llegan a la juventud, tal y como acaba de reflejar una nueva investigación, dirigida por Brian Primack, de la Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania, Estados Unidos.
"Existen muchos mecanismos diferentes por los que la exposición a los medios electrónicos (televisión, radio, videos o juegos de ordenador) puede influir en el desarrollo de depresión. Por ejemplo, los adolescentes que dedican un tiempo excesivo a ellos, pierden la oportunidad que tienen sus semejantes de dedicar tiempo a actividades sociales, intelectuales o deportivas que ejercen un papel protector frente a la enfermedad", reza el estudio, publicado en el último 'Archives of General Psychiatry'.
Otras vías por las que perder el tiempo frente a la pequeña pantalla puede asociarse a un mayor riesgo depresión son "porque altera el sueño, necesario para el desarrollo emocional y cognitivo; porque muchos de los contenidos de la programación pueden causar ansiedad... o, simplemente, porque se exhiben mensajes que pueden engendrar una visión negativa y temerosa del mundo", recalcan los investigadores.
Para conocer mejor esos riesgos y cuál de los medios electrónicos tiene más impacto en la mente juvenil, los autores partieron del Estudio Longitudinal de la Salud de los Adolescentes (Add Health, sus siglas en inglés), que contó con 6.504 chicos y chicas que fueron entrevistados en sus casas y que 'confesaron' dedicar 5,68 horas diarias a los medios electrónicos, especialmente al televisor.
Finalmente, seleccionaron a 4.142 participantes que no tenían depresión en 1995, cuando se inició el mencionado trabajo. Siete años después, cuando ya tenían una media de 21 años, fueron sometidos a un chequeo (un cuestionario con 20 ítems para evaluar si tenían o no la enfermedad mental). De todos ellos, 308 (7,4%) desarrollaron síntomas depresivos. Tras analizar los datos, los investigadores encontraron que la exposición a la televisión y no al resto de medios es la que "más estrechamente se relaciona con la patología, sobre todo en el sexo masculino", determina el estudio.
A su vez, "El mensaje de este trabajo es importante por varias razones. Porque constata que en los niños con cierta predisposición a sufrir depresión ver mucho la tele eleva su riesgo de desarrollarla y este hecho obedece, en parte, a que no hacen otras cosas, como salir con los amigos, que son comportamientos protectores. También porque ver la tele es una actividad pasiva. Lo máximo que se puede hacer es 'zapping' y no hay decisión sobre sus contenidos. Los adolescentes observan imágenes de cosas inalcanzables o se comparan con estereotipos, lo que les puede provocar ansiedad y frustración", destaca Celso Arango, jefe de la Unidad de Adolescentes del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.
Investigadores del Royal United Hospital de Bath, de la Universidad de Dundee y del Wrexham Maelor Hospital, Reino Unido, han analizado 707.455 intervenciones con epidural realizadas entre 2006 y 2007 y las complicaciones derivadas de las mismas.
Las conclusiones a las que arribaron los expertos, desmiente el gran riesgo de sufrir complicaciones si se utiliza esta anestesia. El trabajo, que publica la revista ‘British Journal of Anaesthesia’, estima que el riesgo de que se produzca alguna lesión por culpa de la epidural es, en el escenario más pesimista, de uno por cada 23.000 intervenciones, 10 veces menos de lo que se pensaba.
En el caso de las mujeres que utilizan la epidural para dar a luz, el riesgo es aún menor y la probabilidad de que ocurra una lesión permanente es, en el peor de los casos, de una entre 80.000.
"En todos los grupos de pacientes que hemos estudiado, los datos son tranquilizadores. Las cifras revelan que la epidural es mucho más segura de lo que creíamos", ha afirmado al diario ‘The Times’, Tim Cook, anestesista del Hospital de Bath y coordinador del estudio, que se destaca la importancia de esta buena noticia.
De las más de 700.000 intervenciones con epidural analizadas, los investigadores observaron complicaciones en 84 casos. Las más graves(fallecimiento o lesión permanente) se dieron en pacientes mayores, de más de 70 años, y con una salud delicada. "Se trata de personas con varios problemas médicos en las que el sólo hecho de someterse a una intervención quirúrgica ya entraña algún riesgo", explica Cook.
De esta manera, los autores recomiendan estudiar con detalle la historia clínica y las características del paciente, antes de prescribir este tipo de anestesia.
Últimos estudios acerca del uso de antibióticos en mujeres con un parto pretérmino (antes de la semana 37 de gestación) o con rotura temprana de membranas y el seguimiento durante siete años de sus hijos dejan varias conclusiones que cuestionan el uso de estos fármacos en la obstetricia.
Se destierran el mito de que son compuestos inocuos y ponen de relieve las graves consecuencias de su uso injustificado. ORACLE I y II se pusieron en marcha en 2001 con el objetivo de evaluar la actividad de la eritromicina y el combinado ácido clavulánico-amoxicilina en las mujeres que tenían un incipiente parto prematuro o que presentaban la rotura temprana de las membranas. Ambas condiciones pueden tener consecuencias adversas para madre e hijo y en muchos casos son secundarias a una infección (por eso se emplean antibióticos en su manejo), aunque ninguna de las participantes tenía síntomas de ello.
Entonces, los resultados de estos estudios justificaban exclusivamente el tratamiento con eritromicina en aquellas mujeres con rotura de membranas. Las demás terapias no demostraron beneficio ni daño alguno sobre la salud de los bebés. Siete años más tarde, los autores presentan el seguimiento realizado a los casi 6.500 participantes con datos que esclarecen aún más cómo deben emplearse estos fármacos.
"La lección que debemos aprender parece evidente: en contra de la creencia popular de que los antibióticos no están exentos de riesgos", reza el comentario que acompaña al trabajo. Alison Bedford, del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, y Philip Steer, del Hospital Chelsea and Westmister, comunican el hallazgo: a largo plazo, los niños que habían estado expuestos a antibióticos porque sus madres tenían un parto prematuro habían desarrollado más parálisis cerebral y otras discapacidades.
"Sería poco sensato desechar el aumento de parálisis cerebral detectado por considerarlo un hallazgo arriesgado", escriben los investigadores del ORACLE. En el caso de las mujeres que recibieron ambos fármacos, 35 bebés tenían parálisis cerebral, en comparación con los 12 del grupo del placebo, casi un 3% más.
En el primero de estos trabajos, -el de las parturientas con rotura prematura de membranas-, la eritromicina mostró beneficios a corto plazo al reducir la mortalidad y el riesgo de graves complicaciones de los recién nacidos, además de prolongar el embarazo. Sin embargo, a largo plazo no se ha detectado ninguna ventaja, algo "decepcionante", según los autores, y para lo que habría que encontrar una explicación.
El incremento de algunas patologías graves detectado en el ORACLE II es aún más preocupante y pone de manifiesto algunas 'lagunas' de la práctica obstétrica. La principal es la falta de información sobre el funcionamiento de casi todos los fármacos en el organismo de la mujer embarazada y del embrión o feto, apuntan los estudiosos que a su vez piden a los gobiernos invertir en la investigación de este tema.
El excesivo consumo de antiácidos, puede aumentar el riesgo de sufrir fracturas. Un grupo de investigadores canadienses ha llegado a la conclusión que el consumo prolongado de los medicamentos contra el reflujo gastroesofágico o la úlcera péptica eleva el riesgo de osteoporosis y de fracturas.
"Se han identificado muchos factores de riesgo relacionados con el desarrollo de osteoporosis; como cierta clase de fármacos entre los que están los inhibidores de la recaptación de la serotonina y los corticosteroides. Otros medicamentos que pueden afectar al metabolismo mineral óseo son los IBP. Estos productos inhiben la producción y secreción del ácido péptico, lo que provoca una mala absorción del calcio en el intestino delgado", afirma uno de los autores del estudio, dirigidos por Laura Targownik, de la Universidad de Manitoba, en Winnipeg, Canadá.
En el trabajo, publicado en la revista 'Canadian Medical Association Journal', los investigadores identificaron a todos los pacientes de más de 50 años que habían sufrido una fractura de cadera, vértebra o muñeca entre abril de 1996 y marzo 2004 en Manitoba. Todos aquellos que habían consumido fármacos contra la osteoporosis el año previo a la lesión quedaron excluidos. Finalmente, los investigadores aceptaron a un total de 15. 795 pacientes que fueron comparados con 47.289 sujetos sanos.
Los datos constatan que el consumo de estos medicamentos durante cinco años eleva el riesgo de sufrir fractura de cadera; pero si el uso se prolonga durante siete años o más, las probabilidades de padecer una fractura de cualquier tipo también aumentan. Sin embargo, no existe tal asociación cuando se utiliza en periodos cortos, explican los autores del estudio.
La 'receta' más adecuada para salvaguardar la salud de los huesos es que estos fármacos se utilicen exclusivamente para lo que están indicados y en la dosis establecida. En muchos casos se recomiendan dosis mayores de las necesarias y como consecuencia acarrean otro tipo de dolencias, puntualizan los expertos.