La risa relaja el tono muscular, aumenta la ventilación pulmonar y la saturación de oxígeno, reduce la hiperreactividad bronquial en pacientes con asma, amortigua el pico de glucemia que se produce después de ingerir alimentos, disminuye la presión arterial y la frecuencia cardiaca, mejora la funcionalidad de los vasos sanguíneos, estimula el sistema inmunológico, favorece la liberación de endorfinas y muchas más consecuencias fisiológicas positivas.
Existen cinco tipos de risa. La espontánea es la que surge de forma natural, como expresión genuina de las diversas emociones humanas, la estimulada que se produce ante determinados factores externos, como las cosquillas, la inducida, como efecto de ciertos medicamentos o sustancias psicotrópicas como el alcohol y ciertas drogas; la patológica, como su propio nombre indica, es producto de alteraciones emocionales o dolencias y no es fácil de controlar y finalmente, la risa ensayada que se consigue mediante su práctica a voluntad y sin motivo aparente que la justifique.
En tal caso, la risa constituye una gran terapia para evitar los estragos que conlleva enfermarse de estrés.