Mascarillas para la piel grasa, para elaborarla necesitaremos: 1/2 vaso de zumo de un pepino y 3 cucharadas de arcilla en polvo, de preferencia verde.
Vierte el zumo del pepino en el interior del recipiente y luego vierte la arcilla en polvo removiéndola con una espátula de madera hasta conseguir una pasta espesa y homogénea.
Aplica la crema en la cara y cuello hasta que la mezcla seque. Retírala con abundante agua tibia. Para terminar aplica una crema hidratante para piel grasa en toda la piel que trataste.
Mascarilla para pieles sensibles o secas
Necesitarás: 1/2 vaso de infusión de manzanilla, 3 cucharadas de arcilla en polvo y la pulpa de medio aguacate madura.
Mezcla bien los ingredientes hasta obtener una crema, aplícala al rostro y cuello durante 10 minutos, y como en el caso anterior, transcurrido el tiempo, retírala con agua tibia y finaliza el tratamiento con una crema hidratante de tu preferencia.
Mascarilla de arcilla para piel normal
Ingredientes: 1/2 vaso de zumo de zanahoria y 3 cucharadas de arcilla en polvo. Se mezcla el zumo de zanahoria con la arcilla. Se aplica sobre el rostro y se retirará una vez seca con abundante agua tibia, para luego aplicar la crema hidratante.
Para las pieles sensibles y o normales, las mascarillas suelen estar compuestas por algas, sustancias minerales, humectantes dérmicos, hojas de té verde, aloe vera y espliego, por su acción antioxidante.
Para comenzar se aplica un limpiador, estos suelen ser muy suaves y especiales para las pieles más sensibles. Una vez limpia la piel, antes de comenzar el tratamiento se puede aplicar viales o serums estimulantes, para que el tratamiento sea más completo. Todos estos pasos se realizan con movimientos de masaje relax, hasta que se absorba el producto.
La mascarilla debe actuar en el rostro por espacio de 15 minutos, pasado el tiempo retirarla por completo con abundante agua tibia.
Para la piel grasosa, se debe aplicar mascarillas que contengan pepino, limón, clara de huevo, manzanilla, piña, yogurt natural, y por supuesto la avena, que tiene la propiedad de eliminar las grasas.
Como en el caso anterior, puedes obtener una mascarilla adecuado para la piel grasa, integrando algunos de estos ingredientes, deja que la mascarilla actúe 15 minutos y retírala con agua tibia.
Para la piel seca, las mascarillas recomendadas están elaboradas con miel, aceite de oliva, leche entera, bananas maduras, aguacate, almendras y levadura de cerveza, algunos de ellos eliminan la suciedad escondida que dejaron los limpiadores, activan circulación facial, ayudan a nutrir la piel y eliminar las toxinas que deterioran la apariencia de su rostro.
Tener un rostro saludable, no solo es cuestión de invertir grandes cantidades de dinero, sino más bien utilizar los beneficios que nos ofrece la naturaleza en su infinita variedad de productos.
Antes de elegir un buen protector solar, que cumpla adecuadamente su fundón, deberás conocer muy bien tu tipo de piel. No puedes usar un bloqueador solar, si antes no conoces si tu cutis es mixto, graso o seco. Cada tipo de piel, determina también la eficacia de estos productos.
Fórmulas orgánicas: Contienen sustancias que funcionan como filtro UV, como el butil metoxidibenzoilmetano (llamado también avobenzone o Parsol 1789), benzofenonas, sulisobenzonas, antranilato de metilo, octocrileno, cinamatos y ácido tereftalideno dicamfor sulfónico, un bloqueador de los rayos UVA.
El ácido Para-amino benzoico (PABA), es un componente que es utilizado frecuentemente. El PABA detecta la presencia de la radiación UV y se deshace de los elementos oxidantes, aunque algunas personas tienen reacciones alérgicas.
Fórmulas inorgánicas: Contienen elementos bloqueadores de los rayos UV como el óxido de zinc o el dióxido de titanio. Los óxidos de zinc y de titanio se quedan en la superficie de la piel y no se absorben. Previenen que los rayos UVA y UVB lleguen a la piel.
El Factor de Protección Solar (FPS) en todas las pantallas solares es un promedio basado en la cantidad de rayos UVB (no UVA) requeridos para que el protector pueda cubrir la piel. Es decir, si una persona se quema en 10 minutos y quiere permanecer por 200 minutos al sol, debería usar un FPS de 20. La protección de las pantallas podría clasificarse del siguiente modo: mínima, FPS de 2 a 11, moderada, FPS de 12 a 29 y alta, FPS de más de 30.
Además, de acuerdo con las edades, se debe aplicar un mayor o menor nivel de FPS. Las pantallas no deberían ser utilizadas en bebés menores de seis meses, sin consultar a un médico. Las pantallas deben usarse solamente en caso de necesidad en niños más grandes, ya que los efectos a largo plazo de los productos químicos usados en los protectores aún se desconocen.
Ahora, jóvenes y adultos deben utilizar factor 15 o uno mayor. Algunos expertos recomiendan que la mayoría de la gente debe utilizar FPS 30 en la cara y 15 en el cuerpo. Los adultos que se queman fácilmente en vez de broncearse y cualquier persona con factores de riesgo para cáncer de la piel deben utilizar por lo menos FPS 30.