
El trastorno bipolar es una enfermedad mental que se caracteriza por cambios extremos en los estados de ánimo. Una rueda rusa de excitación, aceleración y un optimismo desbordante, seguido de episodios de depresión, caracterizada por la tristeza, desinterés, pesimismo y sufrimiento profundo que puede llevar a escenarios peligrosos como el suicidio.
Uno de los mayores problemas para tratar este trastorno es lo complicado de su diagnóstico. Es que muchas veces los profesionales confunden sus síntomas con los de otras enfermedades y terminan medicando a sus pacientes con fármacos equivocados. Es importante conocer los antecedentes familiares de personas con trastorno bipolar, ya que la experiencia clínica ha demostrado que esta enfermedad tiene un componente genético, por lo que es frecuente encontrar en familias más de un caso con este trastorno.
Como todo trastorno mental, actualmente se sostiene que el trastorno bipolar no se cura. Tras un episodio, el acompañamiento de la enfermedad es evitar la recaída. Con la psicoterapia y el tratamiento farmacológico combinado se alargan esos procesos de recaída e incluso se pueden controlar.
La bipolaridad suele aparecer en la adolescencia o al principio de la edad adulta, aunque cada vez son más los casos de niños que la padecen.
El trastorno bipolar es una enfermedad mental cada vez más frecuente en el mundo. Se estima que entre el 2 y 3.5 por ciento de la población viven con este padecimiento y es la sexta causa de incapacidad en el planeta.

Si ya probaste diferentes dietas (atkins, disociada, proteica, de frutas, de las sopas, etc.) y estás en busca de unas nuevas, ten cuidado porque estarías convirtiendo esa constante búsqueda en una situación enfermiza.
Esta conducta de “vivir a dieta” está siendo analizada por la comunidad científica como un posible trastorno y hasta ya tiene nombre, se llama la permarexia. A pesar de que este término todavía no es aceptado por la comunidad médica, ya se utiliza para describir el caso de mujeres y hombres que, obsesionados por el sobrepeso, se someten a dieta permanente y podrían padecer anorexia o bulimia en un futuro cercano.
Las personas que sufren algún tipo de trastorno alimentico consideran que tener silueta delgada es lo más importante en la vida, y que de ello dependerá su felicidad, logro de metas y aceptación por parte de los demás; por ello, buena parte de sus actividades e ideas se orientan hacia temas referentes a comida e imagen personal.
Este hecho, que en parte se debe a aspectos psicológicos y en parte a factores culturales, ha dado pie al auge de un grupo de padecimientos como la anorexia nerviosa (hacer ejercicio en exceso y dejar de comer), bulimia (provocarse el vómito luego de un atracón), ortorexia (necesidad de ingerir alimentos sanos) y comer compulsivamente (no controlar el apetito).
Y ahora, a esta lista puede sumarse la permarexia, que describe el caso de aquellas personas que viven obsesionadas por las calorías que aporta la comida, saben cómo bajar de peso en unos cuantos días si creen que han engordado y siguen todo tipo de dietas, sin darse cuenta que esta situación los lleva a sufrir serias descompensaciones en el funcionamiento de su organismo.